Michelle Falsone voz de las personas pacientes y participantes de Reuma3000

Discurso de Michelle Falsone dando voz a las personas pacientes y participantes de Reuma3000

Martes,  16 de junio de 2026.

 

Buenos días a todo el mundo.

Hoy tengo el honor de hablar en nombre de los pacientes y de compartir lo que me llevo de esta experiencia.

Cuando me propusieron formar parte de este proyecto, sentí una mezcla de responsabilidad -para dar visibilidad a enfermedades tan invisibles- y de miedo, porque significaba enfrentarme a lo que durante muchos años había percibido como mi principal limitación: mi propio cuerpo.

La enfermedad me había enseñado a desconfiar de ello. Me había acostumbrado a vivir pendiente de los síntomas, de las recaídas y de todo lo que ya no podía hacer como antes. Por eso, aceptar este reto fue mucho más que apuntarme a una actividad. Fue decidir poner a prueba mis limitaciones físicas y mentales y averiguar si todavía era capaz de conseguir cosas que consideraba difíciles o incluso imposibles.

Ha sido, de alguna manera, una ruta de vuelta hacia mí misma. Un camino de empoderamiento que me recordará, cuando vuelva a atravesar una crisis, que ya he sido capaz de superar montañas difíciles.

Porque esto es lo que me llevo de esta experiencia: la certeza de que, incluso de las montañas más duras, puede volverse. Y no sólo puede sobrevivirse. Puede volverse más entera, más consciente de la propia vulnerabilidad, más plena y más fuerte.

Este proyecto me ha enseñado que puedo detenerme cuando me falta el aire, escuchar el latido de mi corazón hasta que recupere la calma y seguir avanzando. Que encontrar mi propio ritmo no es rendirse; es cuidarse. Y que no es necesario llegar la primera para llegar lejos.

Ademas, no debía justificarme constantemente. No era necesario dar explicaciones ni demostrar nada. Estaba rodeada de personas maravillosas que saben lo que significa estar en tus botas… unas botas, por cierto, aptas para grampones.

Compañeros, ustedes han sido una fuente de inspiración inmensa. Sus historias, su coraje y su manera de afrontar las dificultades me han dado fuerza cuando yo dudaba de mis capacidades. Ver cómo, a pesar de los diagnósticos, se puede seguir adelante con salud, con fuerza, con una amable sonrisa y con una mirada llena de empatía ha sido una de las lecciones más importantes de este camino.

Y no puedo terminar sin dar las gracias a todo el equipo de profesionales que nos ha acompañado desde el primer día.

Se ha dejado el corazón en este proyecto, y eso es precisamente lo que le ha hecho tan poderoso. Gracias por su estima, por su disciplina, por su fortaleza, por la motivación constante y, sobre todo, por creer en nosotros cuando nosotros mismos no siempre lo hacíamos.

A menudo decimos que los tratamientos son imprescindibles. Y es cierto. Pero yo también creo que la vocación, la empatía y la humanidad tienen un enorme poder transformador. Esto no ha sido sólo la historia de unos pacientes intentando ser escuchados. Ha sido la historia de un equipo entero caminando en el mismo lado, compartiendo esfuerzos, respetando el dolor y celebrando cada pequeña victoria.

Es necesaria mucha valentía para acompañar desde un lugar tan humano y vulnerable. Y sólo la fuerza de una vocación auténtica puede generar tanto amor y tanto respeto.

Por último, me gustaría dirigir unas palabras a todas aquellas personas que conviven con una enfermedad y que quizás hoy se sienten desanimadas.

No es sólo su diagnóstico. Los días difíciles llegarán, y habrá momentos en que le parecerá que la montaña es demasiado alta y que se hunda demasiado profundamente en la nieve. Pero os prometo que sois más fuertes de lo que piensa. Puede que tenga que avanzar más lentamente. Puede que necesite descansar más a menudo. Pero esto no significa que no pueda llegar a su cima.

Pide ayuda cuando la necesites. Déjete acompañar. Confía en tu ritmo y se compasivo contigo mismo.

Porque hay una fuerza en nuestro interior que a menudo desconocemos hasta que nos vemos obligados a descubrirla.

Y, como decimos algunos cuando parece que ya no quedan fuerzas: una lloradita… y hacia arriba.

Muchas gracias.

Michelle Falsone