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CÓMO CUIDAR DE NUESTRA SALUD EMOCIONAL

¿Necesito ayuda psicológica?

¿Seré capaz de gestionar mis problemas sin ayuda?

¿Necesito terapia sólo cuando tengo un problema o también me puede ayudar a conseguir mis objetivos?

 

Todas las personas en algún momento de la vida pasamos por determinadas situaciones que nos hacen sentir mal. A veces, el sufrimiento, la ansiedad o la angustia son tan intensos que nos bloquean y afectan nuestra vida diaria. Entonces todo indica que es momento de acudir al psicólogo, un profesional que nos ayudará a identificar el origen del problema y que nos facilitará las herramientas necesarias para solucionarlo y poder continuar con nuestra vida. De hecho, ir a terapia no representa un gesto de debilidad sino de valentía, a través de la cual reconocemos que tenemos una dificultad que queremos solucionar.

Hacer terapia no implica ser débil o estar loco, al contrario, implica un mayor grado de conciencia de las propias limitaciones (que todos tenemos como seres humanos), un mayor grado de inteligencia emocional para dejar que nos ayuden en momentos críticos de nuestra vida o para incrementar nuestro autoconocimiento, movilizándonos hacia cambios positivos y, sobre todo, el coraje de no resignarnos a vivir de cualquier manera ni a cualquier precio.

La Psicología nos ayudará en nuestra vida cotidiana a reencontrar el equilibrio emocional y desarrollar nuestras capacidades y habilidades. Para conseguir los objetivos marcados, podemos aprender a utilizar algunas herramientas o técnicas en nuestro propio beneficio.

 

¿Qué técnicas nos pueden ayudar?

  • Relajación, Respiración, Vista, Hipnosis, Programación Neuro Lingüística, Risoterapia, Cuentos y Metáforas, Autocontrol emocional, Escritura creativa, grupos de ayuda mutua, entre otros, que nos permitirán explorar nuestras emociones, nuestras creencias y nuestros recursos para poder salir del bloqueo en el que nos encontramos, potenciando la seguridad en nosotros mismos y, sobre todo, estimándose un poquito más.

  • Activar el cerebro. Sólo usamos el 5% de nuestra capacidad cerebral. Einstein, probablemente, no usó ni el 10%: se estudió su cerebro detalladamente, y no fue posible encontrar ninguna diferencia con el cerebro de un demente. La diferencia no estaba en la anatomía, sino en su programación.

  • Hacer uso de nuestra creatividad. Con una correcta visualización, el cerebro no distingue si se trata de algo que pasó o si fue algo imaginado.

  • Relajarnos. La relajación progresiva de los músculos reduce la frecuencia del pulso y la presión en la sangre, así como el grado de transpiración y la frecuencia respiratoria, y cuando se realiza correctamente puede llegar a tener el mismo efecto que un fármaco para reducir la ansiedad.

  • Aceptación de nosotros mismos. El auténtico cambio dentro de ti solo llegará cuando aceptes a los demás tal como son y te aceptes a ti mismo tal como eres.

  • Practicar la escritura creativa: Los cuentos captan la atención consciente de la persona y burlan sus sistemas de defensa, atraviesan las barreras de la mente crítica para llegar directos a su inconsciente, lleno de soluciones y posibilidades.

  • La Hipnosis como anestesia ha resultado muy efectiva en los tratamientos para el dolor crónico. Santiago Ramón y Cajal usó la Hipnosis para los dos últimos partos de su mujer, dejando constancia por escrito, como método recomendable para sustituir el cloroformo.

  • Reír más. La risa se utiliza para eliminar bloqueos emocionales, físicos, mentales, sexuales y como proceso de crecimiento personal. Cuando sonríes, aunque no sientas nada, tu cerebro recibe el mensaje de que todo funciona bien. Hay una conexión directa entre la sonrisa y el sistema nervioso central. Cuando sonríes liberas en tu cerebro una hormona llamada «beta-endorfina», que lleva a tu mente un mensaje positivo. ¿Sabías que para poner cara cara de enfado utilizamos 32 músculos, mientras que para sonreír sólo 28? ¡Sonríe, por favor, aunque sólo sea por economía!

Con la práctica de estas técnicas seremos capaces de lograr:

– Aprender a vivir y convivir con nuestra enfermedad.

– Eliminar bloqueos y limitaciones emocionales.

– Cambiar pautas y esquemas mentales erróneos, inadecuados e innecesarios.

– Encontrar el equilibrio entre los dos hemisferios cerebrales.

– Desarrollar técnicas para enfrentar situaciones estresantes.

– Mejorar las relaciones interpersonales, la seguridad en nosotros mismos y potenciar nuestra autoestima.

– Aprender a desarrollar los recursos propios y adquirir otros nuevos.

– Entender y gestionar nuestras emociones, pensamientos y sentimientos para alcanzar el control sobre nuestra vida.

Todavía nos queda un largo y difícil camino por recorrer y compartir, pero ten por seguro que este esfuerzo valdrá la pena. Trata de encontrarte a ti mismo o misma, una persona que te gustará conocer.

 

Pilar Aguilar
Psicóloga